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Relajarte y mimarte
El turismo de salud es de los más antiguos que se conocen a nivel mundial. En Gran Canaria, los primeros turistas que acudían a la Isla de una forma más o menos organizada - en torno a la segunda mitad del siglo XIX- pertenecían al llamado turismo de salud. Eran personas enfermas del pulmón, estómago y nervios que viajaban a la Isla atraídas por la publicidad que llegaba a Europa sobre “curaciones milagrosas”, y hasta por el propio consejo de médicos, que recomendaban el clima y las aguas minerales de Gran Canaria.
Hoy, un siglo y varias décadas más tarde, Gran Canaria mantiene su prestigio en materia de salud y descanso, para lo que ha desarrollado, como una alternativa más al turismo convencional, una amplia oferta en infraestructuras para el tratamiento y consulta para distintas afecciones, o simplemente para mimar el cuerpo y relajarse.
Así, en la Isla se encuentran balnearios cuyas aguas, ricas en minerales y mezcladas con el agua del mar, son muy adecuadas para tratamientos de rehabilitación, reumatismos crónicos, lesiones ulcerosas, afecciones cutáneas y del sistema óseo, así como el cansancio y el estrés.
En los centros y balnearios de Gran Canaria se desarrollan todo tipo de técnicas y servicios, que van desde las algas, lodos marinos, hidroterapia, baños con sales, vendas con aromaterapia y parafangos, hasta la talasoterapia, termoterapia, presoterapia o drenaje linfático, reflexoterapia, quiromasajes, masajes específicos, ducha vichy, baño turco, jacuzzi, sauna, jets en piscina y un largo etcétera.
Pero no sólo sus centros especializados confieren a Gran Canaria la condición de ser un destino de turismo de salud, sino que la Isla entera es un paraíso para olvidarse del estrés, del cansancio, de las ganas de desconectar y de las dolencias que el ajetreo diario crea. Basta con los terapéuticos paseos por sus extensas playas de arena dorada, con los baños en sus cristalinas y templadas aguas de mar cargadas de yodo, sodio y otros elementos beneficiosos para el cuerpo y con el contacto con una oxigenante naturaleza, que inevitablemente obliga a la relajación.
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