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Datos geográficos. La Aldea de San Nicolás está situada al oeste de la isla de Gran Canaria y es el tercer municipio en extensión, con 139 kilómetros cuadrados. Se conforma desde la costa al interior y su altitud máxima, localizada en la Montaña de Los Hornos (Inagua) es 1.440 metros sobre el nivel del mar. San Nicolás de Tolentino está cercado en sus límites norte y este por acantilados y barrancos y se alarga de norte a sur en una irregular franja costera de 33 kilómetros. Se trata de una costa considerablemente accidentada, alta, rocosa y con playas o pequeñas calas que se corresponden con las desembocaduras de barrancos o barranquillos. Se trata de una unidad geomorfológica de gran belleza paisajística y de un extraordinario interés científico, ya que está situada en la parte más antigua de la Isla.
Historia. En este territorio se localizaba uno de los asentamientos aborígenes más importantes de la Isla, distribuido a lo largo de la cuenca principal y su red de barrancos. En la desembocadura del Barranco de La Aldea se concentró el asentamiento más importante: el Poblado de Caserones. En la época precolonial arribaron a la Playa de La Aldea unos frailes mallorquines que construyeron una ermita en honor a San Nicolás de Tolentino; tras la conquista de la Isla por los castellanos, esta ermita se clausuró, construyéndose otra en su lugar, en el interior del valle. El territorio se consolida como municipio moderno en 1812 y durante el siglo XVII los Marqueses de Villanueva del Prado adquieren la mayor parte de los terrenos. Pero la indefinición de los límites de esta gran hacienda y las continuas usurpaciones de terrenos llevadas a cabo por esta familia, dieron lugar en La Aldea a un pleito socioagrario que perduró durante casi tres siglos. En 1927 el Ministro de Gracia y Justicia, Galo Ponte, visitó San Nicolás de Tolentino y dio solución al pleito a favor de los aldeanos.
Fiestas. Las Fiestas Patronales se desarrollan durante los días del 1 al 15 de Septiembre con una procesión del Santo por las calles principales, para finalizar con una romería-ofrenda al Patrono, en la que se dan cita el folklore, la mejor artesanía y la gastronomía de la villa. El día previo a la fiesta tiene lugar la Bajada de La Rama, originaria de los aborígenes canarios, que bajaban de las altas cumbres hasta el mar en tiempos de calamidades y sequías para pedir lluvia. Y, finalmente, el 11 de septiembre se celebra la singular Fiesta del Charco, que revive la costumbre del antiguo pueblo canario de embarbascar (técnica de pesca aborígen) en los charcos costeros, y a la que acuden muchos visitantes de otros municipios de la Isla.
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